Eres oro puro brillante
«Cuando comiences a pulir tu oro interior,
este brillará mostrando tu gran inteligencia:
¿quién podrá descalificarte?».
Mary Jeanne Sánchez
Es lo que siempre hago cuando recorro las calles de París, viajar hacia mis patios interiores y perderme
en un sinnúmero de pensamientos. Armonizo con la ciudad, el ruido del tráfico y su gente, percibo su
mensaje, recopilo información que luego plasmo en mi agenda. París tiene su encanto, una forma
peculiar de asentarse que mi alma inmediatamente traduce y afirma. Lo mismo pasa con las mujeres:
cuando logran mirarse hacia adentro y descubren su valor, sacan su belleza interna a la superficie.
Una mujer así, que ama lo que es, no permite ser descalificada por nadie. Digo esto porque pienso en
mi pasado mientras bordeo la Île-de-France, el color de las piedras y los edificios me serena, algo que
he pasado por alto en mi vida se aclara mientras camino. Tantas vejaciones tuve que vivir para
aprender a respetarme.
Mi nombre es Daniela Sorrentino, el Sol del Sur, así me llaman mis afectos. Como ese sol radiante
en las tardes agropolitanas de veranos calientes, bajo el filtro de temperaturas enardecidas; como los
soles de agosto en la provincia de Salerno, al sur de Italia, cuyas calles se colman de turistas. Esa
ciudad es un espectáculo natural que Dios le regaló a Italia. Los santos pasaron por esas tierras y
dejaron allí sus huellas, ¿quién no lo haría? Yo también, si fuera santa.
Recuerdo que siempre estaba rodeada de amigos. Mis risas se mezclaban con las voces del viento, a
todos nos cubría el resplandor de la luna grande de mitades de agosto («ferragosto», como lo llaman
en Italia). Aquel mar se tornaba brilloso y, por ende, todo a su alrededor. Y frente al mar, yo, en el
vientre de un bar celebrando el encuentro con amigos. Sentados recordábamos nuestra infancia, y
acompañábamos las anécdotas con un cornetto caliente frente al espectáculo de esa luna gigante y el
mar agropolense. ¡Qué infancia tan bella!
«Nadie, ni yo, podía imaginarse que aquel sol llamado Daniela, alegre y afectuosa, pronto se vería
eclipsado».
Hablo de esas situaciones que llegan sin avisar y que te desvalijan el alma. Hablo de esa persona que
llega a tu vida y a quien, sin ponerlo en duda y con los ojos cerrados, le entregas el poder de hacerte
infeliz. Estaba convencida de que amar a otra persona suponía comprometer mi amor propio. Yo
quedé por debajo de aquel «amor», sepultada por completo. «En definitiva, es uno quien debe dar
firmeza a su vida y sentido a su existencia».
Es por eso por lo que voy rumbo al aeropuerto, regreso a Milán, con hora de salida a las 11:35 a. m.
Regreso para mi conferencia a más de ciento cincuenta mujeres en el ateneo de Milán, se supone
que me esperan a las ocho de la noche. No sé con qué voy a encontrarme, intuyo que con mujeres tan
desesperadas como yo en algún momento de mi vida.
Pero nadie nos obliga a soportar tanta tortura; la misma que un día viví. Las estadísticas anuales de
muertes van en aumento. Esa cifra me afecta, me aturde, y he decidido hablar en público sobre la
violencia de género, servir como testigo de la libertad, la sanación y el amor propio, es por eso por lo
que les contaré mi propia historia.
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